La multinacional bajó la persiana de su establecimiento en Corralitos, que operaba hace 60 años, argumentando un cambio en la estrategia comercial global.
El sector agroindustrial mendocino sufrió un golpe contundente esta semana. Unilever confirmó el cese definitivo de actividades en su planta de procesamiento y deshidratación de vegetales ubicada en Corralitos, Guaymallén. La medida dejó a 60 operarios sin su fuente laboral.
El Sindicato de Trabajadores de la Industria de la Alimentación (STIA) fue notificado durante la mañana de ayer. Según precisó Oscar Aciar, titular del gremio, las notificaciones se ejecutaron de manera inmediata para impedir el ingreso del personal al predio. Desde la organización confirmaron que la empresa abonará el 100% de las indemnizaciones legales, sumado a compensaciones adicionales y un esquema especial para empleados próximos a jubilarse.
La multinacional justificó la clausura como parte de una reestructuración global. Afirmaron que la demanda de sopas deshidratadas —el principal producto de la planta— ha caído ante el cambio en los hábitos de consumo, migrando hacia productos de rotación rápida. De ahora en más, la firma se abastecerá mediante importaciones y proveedores externos, concentrando la producción final en Buenos Aires. El cierre impacta además en más de 20 fincas locales que integraban la cadena de valor de esta fábrica emblemática.




