La cultura mendocina está de luto. A los 82 años, falleció Pocho Sosa, el cantautor que logró capturar el alma de nuestra provincia en cada verso. Su partida deja un vacío profundo en la escena folclórica, pero su legado permanece intacto en la memoria colectiva.
Sosa fue el intérprete fundamental de la “Tonada de otoño”, una pieza que se convirtió en himno indiscutido de los paisajes cuyanos. Con su voz cálida y su sensibilidad única, supo llevar el sonido de nuestra tierra a los escenarios más importantes del país, defendiendo siempre la identidad de Mendoza con una humildad que lo definió hasta sus últimos días.
Más allá de su faceta como músico, Pocho fue un referente ético y cultural. Su compromiso con el folclore y su cercanía con la gente lo transformaron en una figura entrañable. Hoy, mientras las hojas caen en los callejones mendocinos, su música suena más fuerte que nunca, recordándonos que los grandes artistas, aunque se marchen, permanecen vivos en sus creaciones. Mendoza despide a uno de sus hijos más ilustres, pero agradece el inmenso tesoro musical que nos deja como legado eterno.




