En la última década (2016/26), General Alvear sufrió una caída del 35% en puestos de trabajo rurales, un 14% menos de superficie bajo riego y una pérdida de ingresos que golpea las finanzas municipales. El agro ya no sostiene al departamento: es el Estado el que debe sostener a los trabajadores.
Derrumbe del empleo rural
El agro alvearense atraviesa una crisis estructural. En 2016, cerca de 4.000 personas trabajaban directamente en el campo; hoy apenas quedan unas 2.600. Según estimaciones basadas en el Censo Nacional Agropecuario 2018 (INDEC) y registros de la Dirección de Estadísticas e Investigaciones Económicas (DEIE) de Mendoza, más de 1.200 trabajadores fueron expulsados del sistema en diez años. La mayoría migró hacia la construcción, el comercio urbano o depende de programas de asistencia social. El campo dejó de ser un sostén laboral y se transformó en un generador de desempleo y subocupación.
Menos tierra cultivada, más abandono
La superficie bajo riego cayó de unas 42.000 hectáreas en 2016 a 36.000 en 2026, según datos del Departamento General de Irrigación. El abandono productivo alcanza entre 5.000 y 6.500 hectáreas, principalmente viñedos y frutales de baja rentabilidad.
Bowen y San Pedro del Atuel son los distritos más golpeados: allí la pérdida supera el 20% y 25% respectivamente. La falta de competitividad en cultivos como la uva común y el durazno para industria explica el retroceso. Alvear Oeste, en cambio, muestra mayor resiliencia gracias a la cercanía con plantas de procesamiento y la tecnificación del riego.
Rentabilidad en caída libre
La producción vitivinícola se redujo un 12,4% interanual en 2026, de acuerdo con registros del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV). Los precios pagados al productor permanecen por debajo de los costos, lo que explica la salida de pequeños viñateros. La ganadería, aunque central, está estancada por la escasez hídrica y la limitada oferta forrajera. El resultado es un sector primario que pierde peso en la economía departamental frente al comercio y al empleo público.
Impacto en las finanzas municipales
La crisis agropecuaria repercute directamente en la recaudación. En Bowen y Carmensa, la morosidad en tasas rurales supera el 40%, según registros municipales e informes de Irrigación. La pérdida de base imponible y el estancamiento del valor fiscal del suelo reducen los ingresos en un 8-10% interanual. Al mismo tiempo, el gasto asistencial y en servicios urbanos creció un 15%, generando un déficit estructural: los distritos consumen más recursos de los que generan.
Un modelo en declive y el abandono del gobierno
El agro alvearense ya no es motor de desarrollo. La concentración de tierras en productores tecnificados convive con el abandono masivo de pequeñas explotaciones. Los distritos rurales se transforman en “pueblos dormitorio”, con población que trabaja en la ciudad y depende de la asistencia estatal.
Conclusión
General Alvear enfrenta una década perdida en su agro. Menos empleo, menos tierra cultivada y menos ingresos configuran un panorama de supervivencia más que de crecimiento. El desafío es doble: sostener a los trabajadores desplazados y redefinir el rol de un sector que ya no garantiza riqueza ni estabilidad para el departamento.



